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3 de marzo de 2024

Un domingo que me alegró

 

Mi hija,

 

Me alegra que estés aquí conmigo. Este fue un domingo que me alegró. Estuve entre ustedes y los uní unos con otros. Cuiden a los débiles y a los que padecen; esto es lo que les pido, pues todo lo que hagan, lo hacen por mí.

 

Alégrense con los que se alegran y lloren con los que lloran. Hijos, vacíense por completo para que yo pueda obrar en ustedes y a través de ustedes.

 

Jesús, perdóname; quiero amar aún más, pero a veces me resulta difícil.

 

Hija mía, soy Yo quien ama a través de ti; tú no sabes todo lo que puedo lograr a través de ti y en ti. No siempre se trata de sentimientos; puede ser una sonrisa o una palabra, pero también el silencio. Simplemente confíame a todas estas personas.

 

Jesús, me entristece saber que hay personas que están a punto de morir y que nunca te han conocido ni han preguntado por Ti. Jesús, por favor, concédeles también Tu misericordia.

​​

Sí, hija mía, que experimenten mi amor infinito al morir, y tú sabes que puedo obrar un milagro en sus últimos segundos. Confía estas almas a mi misericordia. No les daré la espalda.

 

Gracias, mi misericordioso Jesús.

La paloma del Espíritu Santo
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